Compartimos aquí una carta de una madre de Galatea al centro donde están escolarizados sus hijos.
Esperamos que os guste y que la toméis como inspiración para reivindicar los derechos de las familias en vuestros propios centros escolares.
xxxxx, 28 de
noviembre de 2012
A la Atención de la
Dirección del C.E.I.P. xxxxxx.
Estimada Sra.xxxxx:
Me dirijo a usted, directora del centro escolar donde mis
hijos, xxxxxx y xxxxxx, cursan 1º de primaria e infantil,
respectivamente. El motivo de este escrito es llamar la atención sobre la carga
de tareas extraescolares que reciben los niños y niñas de primero de primaria,
por ser el caso que conozco más de cerca.
A diario los alumnos de primero vuelven a casa con deberes
que, en el mejor de los casos, les lleva una media de entre 40 y 60 minutos
realizar, además de las fichas de lectura, y las tareas que no han tenido tiempo de terminar en clase
–sobre este punto me gustaría advertir que quizás es la inadecuada
planificación de las tareas que hay que realizar en el aula el motivo por el
que niños de 5 y 6 años tengan que volver a casa con más deberes.
Por lo que he podido averiguar no existe regulación legal
acerca de este tema en España y es a criterio de los docentes que se decide si
hay deberes, cuántos y de qué tipo; pero también el criterio de las familias
tiene mucho que decir a este respecto. De todos modos, se ha comprobado que no
basta con negarse a hacer los deberes, pues la presión que existe en el aula es
grande y a menudo se hace creer a los alumnos que se trata de algo obligatorio
cuya omisión hace que uno no aprenda y “se quede atrás”. Y acerca de este punto
quiero compartir con usted unas conclusiones:
1.
Una revisión de más de 180 estudios de
investigación, realizada en 2006 en la Universidad de Duke, halló que no parece
haber correlación entre los deberes y el éxito académico de los niños en la
escuela primaria. Incluso en secundaria, la única correlación apreciable es que
los alumnos que hacen los deberes reciben mejores notas de sus profesores. Pero
no hay ninguna prueba que confirme que los deberes ayuden a cumplir retos
educativos a largo plazo, como crear individuos con inquietud por el
aprendizaje, creativos, y capaces de pensar analíticamente.[1]
2.
A menudo el motivo por el que se mandan deberes
es reforzar la responsabilidad del alumno y su autonomía, pero lo que en
realidad ocurre es que los niños pequeños, como los de primero de primaria, no
pueden realizar solos los deberes, con lo cual se da justamente el efecto
contrario, creando una gran dependencia hacia algún adulto para que le ayude a
hacerlos.
3.
El punto que expondré ahora es lógico, pero
justamente por ello pasa inadvertido la mayoría de las veces: el exceso de tareas
extraescolares impide que muchas veces los niños tengan tiempo para jugar,
relacionarse, pasar tiempo con su familia, relajarse, conectar con aquello que
realmente les gusta o simplemente aburrirse. Se da la paradoja de que si mi
hijo hace los deberes todos los días, no tiene ni tiempo ni fuerzas para leer
lo que realmente le interesa o para hacer las extraescolares que él mismo
elija.
4.
Según la FCPE (Federación del Consejo de Padres
de Alumnos de Francia), y también según cualquier padre o madre preguntado a la
puerta del colegio, los deberes causan innecesarias tensiones familiares,
impidiendo a los niños disfrutar del cada vez más escaso tiempo libre que tanto
padres como niños pueden compartir a diario.
5.
Además, según la misma organización mencionada
anteriormente, los deberes provocan desigualdades entre los niños, pues no
todas las familias pueden dedicar a diario el mismo tiempo para ayudar a sus
hijos, ni costear una academia ni un profesor privado para ello.
Los deberes son algo arraigado a la vida
escolar, un trámite que parece difícil de eludir, pues se supone que solo la
práctica repetitiva ayuda a adquirir ciertos conocimientos y habilidades, pero
lamentablemente no existe ninguna evidencia científica que demuestre que la
realización de estas tareas incremente el rendimiento, ni la autonomía ni la
responsabilidad de los alumnos, ni mucho menos la creatividad, y el pensamiento divergente e innovador.
Sin embargo, sí está sobradamente demostrado que aumenta el estrés, el
hartazgo y las tensiones familiares.
Los niños van al colegio para recibir una
instrucción académica, dejemos que muestren en casa lo que aprenden allí y no a
la inversa.
Las familias estamos para apoyar a nuestros
hijos, quererlos, enseñarles y educarlos, mucho más allá de los contenidos
académicos, que a juzgar por los deberes que llegan a casa son repetitivos,
mecánicos y no aportan nada nuevo a lo que los niños ya han visto en clase.
Les pido, por favor, que se replanteen los
ejercicios que mandan a los alumnos, que piensen qué necesitan y qué no, y si
en un momento dado es necesario mandar deberes, que apuesten por tareas
motivadoras, que el alumno pueda hacer de forma realmente autónoma y
responsable, según su edad, y que sobre todo se trate de cosas que no puede
hacer en el aula (investigación, lectura, reflexión, creación).
Le agradezco enormemente que haya leído
este escrito y le ruego que lo comparta con el personal docente de su centro,
para que reflexionen de forma conjunta y lo tengan en cuenta.
Reciba un cordial saludo,
xxxxxxxxxx
[1] Dato
aportado por Sara Bennett, que es coautora de The Case Against Homework: How Homework Is Hurting Children and What
Parents Can Do About It [El proceso contra los deberes: cómo los deberes
escolares están perjudicando a los niños y qué pueden hacer los padres] y
fundadora de Stop Homework, un proyecto sin ánimo de lucro dedicado a abogar
por la reforma de los deberes escolares. Para saber más sobre lo que están
haciendo padres y escuelas en los Estados Unidos, visita: www.StopHomework.com